Siga la flecha


Volvía de Cádiz, con una uveítis de caballo, un dolor terrible en el ojo izquierdo y lo único que quería era llegar a casa. Abrí el ojo derecho y pregunté al chófer cómo iba todo. Me dijo, por hacer una gracia, que sólo había que seguir las flechas.

Me acordé de un chiste que me hacía mucha gracia y contaba Eugenio de un guardia que le preguntaba a un conductor borracho si no había visto la flecha, y el ebrio le respondía que si no había visto al indio cómo iba a ver las flechas. En esta ocasión no me hizo maldita la gracia.

Pero pude hacer una foto con el móvil.

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