Jazmines en el pelo


Había jazmines en un jardín vecino, jazmines que se abrían paso entre las rejas y salían a la calle a saludar, educados, a los peatones que circulábamos, atareados en nuestras cosas, sin reparar en ellos hasta que, alguna vez, percibíamos el aroma, al menos yo, y me paraba a devolverles el saludo.

Hablo en pasado porque el jazminero ya no está. Una maldita reforma se lo llevó por delante, y ahora, cuando transito por allí, echo de menos su perfume, y a mi madre, a la que tanto gustaban estas flores y yo le traía cuando era pequeño.

Cuántas cosas puede evocar algo tan pequeño. Porque, incluso, alguna vez, continúe mi camino tarareando (mentalmente, porque pocas hay que haga tan mal como cantar) la “Flor de la Canela”, esa preciosa composición de Isabel “Chabuca” Granda aunque yo la prefiero, respetuosamente, por Dona Maria Dolores Pradera que nos dejó hace ahora dos años. Y también me acuerdo de ella.

Por recordar, hasta recuerdo a Forges, el genial dibujante, que se fue dos o tres meses antes que Doña María Dolores. Me vienen a la cabeza sus chistes, en los que, ocasionalmente, incluía textos de canciones y una de ellas era, precisamente, La Flor de la Canela.

“Jazmines en el pelo y rosas en la cara
Airosa caminaba la flor de la canela
Derramaba lisura y a su paso dejaba
Aroma de mixtura que en el pecho llevaba…”

La dejo aquí para que nadie tenga que molestarse en buscarla.

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