¡Mehr Licht!


Estaba yo pensando lo caro que se ha puesto el tocino cuando… no, es broma. No me preocupa el precio del tocino porque no como carne, pero es una frase con que empezaba uno de los monólogos del gran Miguel Gila y, a veces, lo utilizo.

Decía que estaba yo en mi coche esperando algo -siempre estamos esperando cosas- cuando un rayo de luz produjo un reflejo en el ambientador de automóvil que cuelga del espejo retrovisor. Me recordó lo importante que es la presencia de luz, o ausencia de oscuridad, que es lo mismo. Algo que habitualmente no valoramos.

Y me acordé también del pobre Goethe cuando, a punto de morir, pedía “Luz, más luz“, frase que se ha hecho famosa mundialmente. En realidad no sabemos si fue así o no. Eso es lo que contó su médico, Carl Vogel. Para más inri, el galeno tampoco estuvo presente en el momento de su defunción, o sea, que también se lo contaron a él.

Sea cierto o no, es importante huir de la oscuridad, y no me refiero a la física claro, sino a la otra, a la de pensamiento.

Y grito, como Goethe, ¡Licht, Mehr Licht!

¡Rayos, mil rayos!


¡Rayos! ¡Rayos! ¡Mil rayos!

Esa es una expresión que me acompaña desde pequeño, cuando empecé a leer a “Mortadelo y Filemón“. Una exclamación típica en ellos y que siempre me ha hecho gracia. Al igual que “¡Por el Gran Batracio Verde!”, que decía Goliath, el compañero de El Capitán Trueno. Y tantas otras.

Hace unos días llovió con ganas. Y hubo rayos. No sé si mil, yo creo que menos. Pero me acordé de Mortadelo y Filemón cuando tomé la fotografía.

Por allí resopla…


Casi 12 años lleva ya la ballena zambulléndose y no acaba de hacerlo.

Fue en 2007 cuando se instaló esta Cola de Ballena de 8 metros en la Dársena de Botes, junto al antiguo Club de Regatas, hoy BIC. Es una obra en acero del cartagenero Fernando Sáenz de Elorrieta.

Puede parecer algo extravagante eso de colocar ballenas por Cartagena, cuando siempre se asocian con lugares exóticos y más bien fríos como Terranova, Groenlandia, etc.

Pero no, allí es donde las masacran. Por aquí están seguras y se ven de vez en cuando por las costas cartageneras de Cabo Tiñoso, Cabo de Palos… porque son zonas de paso para estos gigantes en sus migraciones anuales. Ahora ya vienen hasta las jorobadas.

A punto de ahogarme


La foto es de 2016, y en aquel momento lo estaba pasando mal, muy mal. Me ahogaba. Se había muerto mi perro.

Aunque estaba en mi despacho, parecía estar en un pantano. De ahí salió esta foto.

Desde El Molinete, con amor


También podría titular “Desde el monte de la Ciudadela de Asdrúbal” (Mons Arx Asdrubalis). En él construyó su palacio Asdrúbal el Bello, y es una de las Cinco Colinas de Cartagena.

Otra de las colinas es la que se ve al fondo, se llama Monte de Eshmún o de Asclepio (Mons Asclepii), donde se edificó un templo a Esculapio. Ahora se llama Monte de la Concepción, aunque también hay quien le llama Cherrosenizo. Otros le llamamos todavía “El Castillo de los Patos“.

¡¡Cuantos nombres ¿verdad?! Es lo que tiene contar ya tres mil años de historia.

Calle La Mancha


Molino campo de Cartagena
En realidad no es la calle La Mancha, pero debería serlo.

Las fotos hechas con el móvil no son las más deseables, tanto por la calidad como por el formato, pero hay ocasiones que no hay que dejar escapar.

Iba por la calle Tierno Galván, en Cartagena, y lo vi allá al fondo, recortándose contra el cielo temprano, y me sentí Don Quijote ante un gigante. Tampoco es un molino propio de La Mancha, sino uno típico del campo de Cartagena, especie singular y única en España. Dicen que lo más parecido se encuentra en la isla griega de Mikonos, no sé si será verdad.

El caso es que por unos momentos me volví el caballero de la triste figura, pero no lanza en ristre, sino con móvil.

Tormenta de verano


Tormenta de verano

Entré al Museo del Teatro Romano de Cartagena con un sol espléndido. Cuando salí, un par de horas más tarde, me encontré con este ambiente de tormenta. Aunque no se distingue, es el puerto y la Plaza de los Héroes de Cavite y Santiago de Cuba (espero que no digan que eran fascistas y hay que eliminarla, pero con los progres y la basura de ley de memoria histérica nunca se sabe).

Por cierto, que luego no cayó ni una gota y volvió a salir el sol al poco. Es decir, que no fue tormenta.

Para ser sinceros del todo, era marzo. De modo que ni era tormenta ni era verano. Pero, como a la mayoría de los periodistas, la realidad no me va a estropear un buen titular.

No me pisotees que llevo chanclas


Eso parece pedir el Mar Menor a muchos colectivos: agricultores, constructores, turistas y, especialmente, a los políticos, que llevan maltratándolo y riéndose de él, y por ende, de nosotros, durante décadas.

El nombre del conocido grupo musical de los 80, No me pises que llevo chanclas, es el que inspira la entradilla de esta foto.

Las razones del Nilo


En la Plaza Navona, la más barroca de Italia, dicen, está la famosa fuente de los Ríos, uno de los lugares que más visita esa peste de nuestros tiempos que son (somos) los turistas.

Hay cuatro ríos representados en ella, el Danubio por Europa, el Río de la Plata por América, el Ganges por Asia y el Nilo por África. Este último se cubre la cabeza con la túnica. Dicen los entendidos que es porque cuando se esculpió la obra, aún no se conocían las fuentes donde nace.

Cuando lo vi y fotografié, estaba cubierto de palomas. Otra peste, dicen, de nuestras ciudades, por las enfermedades que transmiten, dicen, y por el deterioro que causan con sus deyecciones. Me quedé con la duda de si el pobre Nilo intentaba protegerse de las aves o de nosotros, el rebaño de mirones.

Sigo sin saberlo pero cada día me inclino más por las hordas que viajamos, móvil en ristre, recogiendo cosas que no entendemos, de momentos que no vivimos y arte que no sentimos.

Ni Arturo ni Raffaella, Arquímedes


Mi madre admiraba a la simpática Raffaella Carrá, además de por su arte, por sus cervicales, decía. Las suyas estaban tan mal que cuando veía a la cantante y bailarina girar y oscilar la cabeza con la facilidad, se asombraba. Y decía que sólo mi perro Arturo, que no es el de la foto, podía superarla.

Arturo cogía con la boca sus juguetes de peluche y los sacudía a una lado y otro con tal violencia que parecía que se iba a descoyuntar la cabeza, pero no. Pero tanto mi madre como Arturo se fueron. Y algunos años después llegó Arquímedes, y superó tanto a Raffaella como a Arturo.

La foto que acompaña estas líneas no es la más representativa pero hasta ahora no he conseguido otra mejor. El caso es que Arquímedes es capaz de poner la cabeza, no ya en ángulo de 180º como aparece aquí, sino hasta 270º. A veces da miedo, parece que se va a partir. Y si no lo hace es que está emparentado con Regan McNeil, “la Niña del Exorcista”

Giraldillo


La catedral de Sevilla es la tercera más grande del mundo, con 11.520 m2. Su veleta, el Giraldillo, corona la torre de la Giralda (“que gira”). También está abajo, en una de las puertas, donde lo fotografié.

Calle de los Pescadores


Calle de los pescadores

De mi estancia en Calpe, que fue muy grata, me traje un montón de recuerdos. Uno de ellos fue pasear por sus preciosas calles típicas, como esta de los Pescadores.