Complementarios


A veces tiene uno la suerte de encontrar colores complementarios. El otro día me ocurrió, había margaritas y, detrás, espliego.

Fue un regalo para la vista y para la cámara. No siempre pasan cosas así.

¡Rayos, mil rayos!


¡Rayos! ¡Rayos! ¡Mil rayos!

Esa es una expresión que me acompaña desde pequeño, cuando empecé a leer a “Mortadelo y Filemón“. Una exclamación típica en ellos y que siempre me ha hecho gracia. Al igual que “¡Por el Gran Batracio Verde!”, que decía Goliath, el compañero de El Capitán Trueno. Y tantas otras.

Hace unos días llovió con ganas. Y hubo rayos. No sé si mil, yo creo que menos. Pero me acordé de Mortadelo y Filemón cuando tomé la fotografía.

Calle de los Pescadores


Calle de los pescadores

De mi estancia en Calpe, que fue muy grata, me traje un montón de recuerdos. Uno de ellos fue pasear por sus preciosas calles típicas, como esta de los Pescadores.

Siga la flecha


Volvía de Cádiz, con una uveítis de caballo, un dolor terrible en el ojo izquierdo y lo único que quería era llegar a casa. Abrí el ojo derecho y pregunté al chófer cómo iba todo. Me dijo, por hacer una gracia, que sólo había que seguir las flechas.

Me acordé de un chiste que me hacía mucha gracia y contaba Eugenio de un guardia que le preguntaba a un conductor borracho si no había visto la flecha, y el ebrio le respondía que si no había visto al indio cómo iba a ver las flechas. En esta ocasión no me hizo maldita la gracia.

Pero pude hacer una foto con el móvil.

Ay, plaza de Doña Elvira


Plaza de Doña Elvira

En la foto publicada ayer dije que era delito ir a Sevilla y no pasear por el barrio de Santa Cruz.

Y claro, si uno recuerda el archifamoso bolero “Dos cruces” escrito por Carmelo Larrea en 1952, una vez en Santa Cruz, hay que ir a la plaza de Doña Elvira, y allí fuimos.

Ay, barrio de Santa Cruz


Barrio de Santa Cruz

Dicen, y creo que con razón, que ir a Sevilla y no pasear por el barrio de Santa Cruz, ver sus plazas, sus calles estrechas, sus patios… es un pecado.

Es un pecado aunque te tropieces con guiris por todas partes. Por eso hubo que pasear.

Sevilla tuvo que ser


donde estuviera esta bonita estampa con el consulado de Portugal y los coches de caballos.

Un rayo de luz


Un rayo de luz, a veces, puede traer la magia suficiente para transformar un lugar sombrío en una chispa de esperanza.

Un rayo de luz en el lugar más insospechado

Ventana sin figura


Una obra de las que más me gustan del genial Dalí es “Figura en una ventana” en que una mujer contempla el mar desde la ventana.

Pensé en ella cuando vi este encuadre, aunque faltaba la mujer, la mía, que estaba en otro sitio. De modo que me quedé esperándola, de ahí la silla.

Desde la gruta


A través de la cascada y desde el interior de la gruta.

Un día vi ponerse el sol



-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!

Y un poco más tarde añadías:

-Sabes… Cuando uno se encuentra tan triste, gustan las puestas de sol…

-¿Tan triste estabas el día de las cuarenta y tres veces?

Pero el principito no respondió.

(“El principito”, Antoine de Saint-Exupéry)


Yo no estaba triste cuando vi aquella puesta de sol, y la vi una sola vez. Fue en Nerja.

Mirando al mar


En Cádiz, mirando al mar.