Ni Arturo ni Raffaella, Arquímedes


Mi madre admiraba a la simpática Raffaella Carrá, además de por su arte, por sus cervicales, decía. Las suyas estaban tan mal que cuando veía a la cantante y bailarina girar y oscilar la cabeza con la facilidad, se asombraba. Y decía que sólo mi perro Arturo, que no es el de la foto, podía superarla.

Arturo cogía con la boca sus juguetes de peluche y los sacudía a una lado y otro con tal violencia que parecía que se iba a descoyuntar la cabeza, pero no. Pero tanto mi madre como Arturo se fueron. Y algunos años después llegó Arquímedes, y superó tanto a Raffaella como a Arturo.

La foto que acompaña estas líneas no es la más representativa pero hasta ahora no he conseguido otra mejor. El caso es que Arquímedes es capaz de poner la cabeza, no ya en ángulo de 180º como aparece aquí, sino hasta 270º. A veces da miedo, parece que se va a partir. Y si no lo hace es que está emparentado con Regan McNeil, “la Niña del Exorcista”

Basurero a tiempo parcial


El Ayuntamiento de Cartagena pone mucho empeño -y me parece bien- en multar a los dueños que dejan en la vía pública la caca de sus perros.

El Ayuntamiento no pone ningún empeño -y me parece fatal- en recoger la basura ni en poner papeleras donde vivo, Tentegorra. No es lo mismo recaudar que gastar, claro. El caso es que mi perro Arquímedes, que tiene conciencia ciudadana, además de no dejar casas por ahí, se trae a casa toda la basura que le permiten sus pequeñitas fauces para que la recicle yo.

Él sí se merece ser el concejal del gremio, y no otros. Como se presente en las próximas elecciones municipales, lo voto.

El del principio

Este es mi perro Arquímedes


Arquímedes

Sí, ese famoso principio que dice que «un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso del volumen de fluido desalojado por el cuerpo»

Porque, efectivamente, señoras y señores, éste es Arquímedes. Parece mentira que una cabecita tan pequeña pueda desarrollar tanto, pero en los ojos se le ve que es muy inteligente.

Abuelita Pepsi

Mi abuela Isabel, que me aficionó a la cola.


La abuela de la Pepsi

Se llamaba Isabel, y era mi abuela. Hace mucho que murió y la recuerdo entre brumas.

Recuerdo que hablaba con los locutores de la tele, y que a veces tenía “el ruido”, al parecer algo que la trastornaba porque le sonaba el oído (¿sería un acúfeno?) y entonces había que dejarla sola, sentada a oscuras en su habitación.

Tenía que comer y cenar a su hora exacta. Si se retrasaba un poco por algún motivo, le sentaba mal. La solución que tenía mi tía Carmen, que era con quien vivía, era sencilla: cambiaba la hora en el reloj y, entonces, ya no había problemas con la digestión.

Heredé de ella la afición por la cola. Por las bebidas de cola, quiero decir, no por el pegamento ni por los rabos de los perros u otros animalillos. Tanto para ella como a mí, las digestiones eran (son) mejores con cola. Pero mi abuela era muy “pija” y tenía que ser PepsiCola, otras marcas le iban mal. Yo soy más basto y me valen todos los refrescos de cola. La raza degenera.

Canguro


A mi perro, Lanzarote, le gustaban los gatos. Supongo que allá donde esté ahora, en el cielo de los perros, dicen, le seguirán gustando.

Lanzarote, canguro.

Y si tiene a mano alguna manada de gatitos, estoy seguro de que los cuidará igual que cuidaba los nuestros. Todo delicadeza pese a lo grandote que era.

De cañas con los amigos


No me gusta la cerveza, a veces tomo alguna sin alcohol (lo sé, eso confirma que no me gusta la cerveza). Pero si tuviese que irme de cañas, serían cerveceras y no de estas otras.

Mi padre no consiguió aficionarme y mira que lo intentó. Pero yo siempre me acuerdo de Mafalda porque pienso igual que ella, en esto también.

It


“Eso” está ahí, en las alcantarillas.

Azul sí, pero triste no


En realidad tampoco está azul, es sólo un efecto óptico. Es un gato atigrado, con diferentes tonos de gris, negro y blanco. Dijo esto por despejar a córner alguna duda.

El gato que está… 

Y de triste, nada de nada. Pero, eso sí, es un gato muy serio. No se ríe jamás. Por cierto, se llama Paco, el jueves próximo celebra su santo.  

Angels with dirty faces


En 1938 Michael Curtiz filmó la película “Ángeles con caras sucias” con James Cagney, Humphrey Bogart y otros.

Mucho después de eso, pero sin haber visto ni saber de la película, yo también supe que, a veces, los ángeles tienen la cara sucia. Y lo supe porque retraté a uno.

Mi hija Sarah

La humanidad, hoy


Pasé un día junto a una feria y me vino a la cabeza que era una representación de la humanidad de hoy.

Gente deslumbrada con las luces destellantes, ensordecida con música a todo volumen,  cruzándose y rozándose sin conocerse, sin mirarse a la cara, cada uno acelerado sin ir a ninguna parte, como un hámster en un rueda. Por encima, planeando nubes oscuras, amenazadoras.  Y al fondo, un horizonte muy, muy negro. Sí, me parece una perfecta síntesis de la humanidad, hoy.

Y sí, soy muy pesimista con respecto al futuro de la especie. Creía que no iba a llegar a ver el fin pero ahora ya creo que hasta puede que lo vea.

Vida entre las flores


Está la famosa película de los hermanos Coen “Muerte entre las flores”, y luego está Arquímedes, también entre las flores, pero él es pura vida.  Vida y todo lo que se asocia a ella: energía, fuerza, alegría, brío, ánimo, vitalidad, empuje, vivacidad, dinamismo… y, sí, también es un poquito borde, pero sólo un poquito.

 

 

Vamos subiendo la cuesta


“Vamos subiendo la cuesta que arriba mi calle, se vistió de fiesta”.  Eso dice la letra de una de las grandes canciones del aún más grande Serrat.

Y eso es lo que me vino a la mente cuando vi a toda aquella gente subiendo la cuesta, en dirección a la feria que había arriba.

 

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