La caraba


La caraba

Mucha gente emplea el término “ser la caraba” para calificar algún hecho extraño, jocoso o fuera de lo normal, y no sólo para los hechos, también para las personas. A cualquiera rarito o especial, o que tenga una salida de tono se le dice también que es la caraba.

Pero no todo el mundo sabe su origen, y ese está en el siglo XIX cuando en la feria de Sevilla instalaron una barraca con un cartel que decía: “La Caraba. Se ve por cuatro reales”.

Tuvo mucha afluencia de público ansioso de ver aquel ser o fenómeno extraño. La decepción y el enfado era grande cuando lo único que había por ver era una mula vieja y con poca vida por delante.

Los que habían montado el “negocio”, una familia gitana, se defendía diciendo que era un animal “c’araba” antes, cuando era joven. Ahora, ya, por su edad, “el animal, ya no ara”, decían los calés.

Aquella anécdota tuvo éxito y comenzó a utilizarse la expresión “ser la caraba” con el significado que se le da hoy.

Paseando por donde yo vivía cuando era niño me encontré un arado viejo, abandonado entre la maleza. Aquello también araba en su día.

Y me salió una foto que es la caraba.

Imagen

La caraba


En un paseo por donde estuvo la casa de mi infancia y donde hoy ya no hay absolutamente nada, salvo algunas basuras sueltas, me encontré este viejo arado. Recordé entonces el origen de la expresión “ser la caraba”. Dicen que en una humilde feria había una barraca donde se anunciaba la presencia en su interior de un ser extraño, fabuloso, misterioso… En el exterior, el charlatán correspondiente llamaba al público y cobraba las entradas para ver aquel maravilloso ser: La Caraba.  Luego resultó ser una simple y anciana mula, bastante decrépita y derrengada. La justificación del charlatán al indignado público, para no tener que devolver el dinero porque no había engañado, es que era eso: la c’araba, ahora ya no araba, eso era antes, cuando era joven.

Supongo que será una leyenda sin base real detrás. A la primera ocasión, el charlatán habría acabado en la acequia más cercana, supongo. Pero bueno, el caso es que esta herramienta que fotografié sí que era “la c’araba”.

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