Van Gogh en Cartagena


Érase una vez que el bueno de Van Gogh, Vicentico para los amigos, pasó por Cartagena y se fue a ver el faro de Navidad y, una vez allí, agarró el pincel y dale que te pego, reflejó así uno de los faros más bonitos del Mediterráneo.

Que conste que todo esto es mentira y es una fantasía que me he montado yo. Que luego vienen los verificadores de la verdad esos que se ha inventado el nuevo orden mundial y me cierran el blog. Y tampoco es eso.

Es Navidad


Sí, es Navidad.

Más exactamente, es el faro de Navidad, en el puerto de Cartagena.

Si sumamos los hechos de que la fecha que más me gusta es la Navidad, que mi color preferido es el rojo, que la profesión que me habría gustado tener es la de farero y que no cambiaría mi ciudad por ninguna otra del planeta para vivir… queda claro que este lugar tiene para mí un valor especial.

Por allí resopla…


Casi 12 años lleva ya la ballena zambulléndose y no acaba de hacerlo.

Fue en 2007 cuando se instaló esta Cola de Ballena de 8 metros en la Dársena de Botes, junto al antiguo Club de Regatas, hoy BIC. Es una obra en acero del cartagenero Fernando Sáenz de Elorrieta.

Puede parecer algo extravagante eso de colocar ballenas por Cartagena, cuando siempre se asocian con lugares exóticos y más bien fríos como Terranova, Groenlandia, etc.

Pero no, allí es donde las masacran. Por aquí están seguras y se ven de vez en cuando por las costas cartageneras de Cabo Tiñoso, Cabo de Palos… porque son zonas de paso para estos gigantes en sus migraciones anuales. Ahora ya vienen hasta las jorobadas.

Desde El Molinete, con amor


También podría titular “Desde el monte de la Ciudadela de Asdrúbal” (Mons Arx Asdrubalis). En él construyó su palacio Asdrúbal el Bello, y es una de las Cinco Colinas de Cartagena.

Otra de las colinas es la que se ve al fondo, se llama Monte de Eshmún o de Asclepio (Mons Asclepii), donde se edificó un templo a Esculapio. Ahora se llama Monte de la Concepción, aunque también hay quien le llama Cherrosenizo. Otros le llamamos todavía “El Castillo de los Patos“.

¡¡Cuantos nombres ¿verdad?! Es lo que tiene contar ya tres mil años de historia.

Un libro sobre pecados, pendiente


Recibí ayer un libro de José Javier Esparza titulado “Los ocho pecados capitales del arte contemporáneo” y me acordé de esta foto que tomé hace unos días en una plaza de mi ciudad.

Obviamente, no he leído aún el libro, pero estoy seguro de que esta creación atenta contra uno o varios de esos supuestos pecados. Lo comprobaré.

La España de los balcones


No parecen los balcones más adecuados para poner banderas. Son, más bien, cápsulas para esperar criogenizado a que escampe el temporal separatista dentro de unos siglos. Si es que escampa.

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El arroz a tu gusto


Me apetece disponer de mi tiempo (cuando me jubile, si es que vivo lo suficiente para eso) para cosas tan simples como deambular por las calles de mi ciudad a esta hora, cuando el sol acaba de levantarse y está bostezando todavía, buscando un café que le termine de despertar.

“El arroz a tu gusto”, dice el cartel que aparece en la fotografía mañanera. Pues esa sería la vida a mi gusto: madrugar, pero para mí, no para otros; levantarme temprano por el placer de hacerlo, no por la obligación.

Pero, por ahora, el arroz sigue siendo a gusto de otros. ¿Cómo lo desea el señor… caldoso, socarrat, integral, a banda…?

Puta vida.

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Si las fuentes hablaran


Si las fuentes hablaran, esta cartagenera fuente de la calle Real nos diría que va necesitando un poquito de atención.

La instaló la Armada Española (entonces llamada Marina de Guerra) hace 221 años y  el Ayuntamiento, que es su propietario desde entonces, sólo le ha hecho caso en dos ocasiones. La primera fue cuando el famoso e ilustre alcalde Alfonso Torres la decoró con los azulejos que la rodean y la segunda cuando el cantonal Antonio Vallejo la restauró hace 29 años que se cumplen  ahora exactamente, en Febrero.

Fuente calle Real – Cartagena

Si las fuentes hablaran, digo, ésta nos diría que no tenemos vergüenza por no cuidar mejor nuestro patrimonio.  Pero como no hablan, se limita a seguir callando y echar sus tímidos chorrillos que, puestos a imaginar, parecen lágrimas de tristeza.

 

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El alma y el puerto


Dijo Roberto Gervaso que cuando un amanecer o un anochecer no nos provocan ninguna emoción significa que el alma está enferma.

Añadiría yo que, si además eso te pasa en el puerto de Cartagena, no es que tu alma esté enferma, es que está muerta.

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La pesadilla de Astérix


Según cuentan, los galos sólo temían a que el cielo cayera sobre sus cabezas. Al menos eso he leído siempre en los cómics de Astérix.

Aquel día, bajo el Gran Hotel de Cartagena, al mirar hacia arriba, eso es lo que me temí, que el cielo cayera sobre mi cabeza, pero no, al final no cayó el cielo… ni una gota tampoco.

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Era Navidad


Era Navidad cuando tomé la foto, hacía frío (sin exagerar) y se respiraba un ambiente que siempre me ha gustado y -creo- que, a pesar de todo, siempre me gustará.  Era un ambiente que, estrellitas y decoración aparte, destilaba Navidad. La inclinación de la luz solar habría bastado para subrayarlo.

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Vaya usted a paseo


Mandar a alguien a paseo es una fórmula antigua para invitar a alguien, con un poco más de delicadeza, a irse a la mierda. Con perdón.

Pero no tiene por qué ser siempre algo malo. Por aquí me paseo yo con mis perros, habitualmente, sin que me mande nadie. De motu proprio.

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