Un rayo de luz


Un rayo de luz, a veces, puede traer la magia suficiente para transformar un lugar sombrío en una chispa de esperanza.

Un rayo de luz en el lugar más insospechado

La luz del final


Dicen que cuando uno muere, dicen, se ve en un túnel, dicen, y que al final de ese embudo, dicen, se encuentra uno con sus seres queridos, dicen, o con tus mascotas, dicen, o hasta con tu futbolista favorito, dicen.

Yo no estaba muerto, estaba en un pueblecito precioso de Andalucía, y al final de aquel corredor en un parque, había una luz más fuerte que donde yo me encontraba. Y en esa luz había un señor, sentado y tomando el sol. No sé quién era, ni se me ocurrió preguntárselo; si llega a ser un pariente mío fallecido me da un yuyu. Y tampoco era Cristiano Ronaldo, seguro.

La magia de la luz


Leí una vez una frase que no recuerdo literalmente pero decía algo así como que, a veces, cuando un rayo de luz cae sobre un objeto, por pobre o sórdido que sea, como un cartel roto en un callejón, por ejemplo, puede transformarlo durante un tiempo y crear magia.

Fui temprano al consultorio médico para algo tan poco poético ni mágico como extraerme sangre pero, al subir al coche, el sol, que ya se había despertado también, entró por entre las ramas de un ficus sediento y un parabrisas bastante falto de limpieza y, además de recordarme que debo ser un poco más aseado con mi auto, creó un pequeño ambiente mágico que disfruté unos segundos antes de continuar con la triste rutina diaria.

 

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