El regalo de Poinsett


Ahora se le conoce generalmente como Poinsettia, aunque en mi tierra, Cartagena, siempre se le había llamado Flor de Pascua. Y en otros sitios se le conoce como Flor de Navidad. Todo es correcto y, sobre todo, Euphorbia Pulcherrima, que es su denominación científica.

Una de mis poinsettias

Como me gusta mucho la Navidad (lo he dicho cien veces en otras tantas entradas de mis blogs, soy muy pesado, lo sé), tengo un par de poinsettias que viven conmigo todo el año. Y parece que estas plantas, venidas de América, y que los aztecas utilizaban para hacer ofrendas a sus dioses -supongo que como sucedáneo, cuando no tuvieran un corazón palpitante que arrancar del pecho a sus víctimas, que era lo que de verdad les chiflaba- llevasen toda la vida con nosotros y que siempre hubiesen unidas a la Navidad. Pues no.

Mi otra Poinsettia

Resulta que un señor estadounidense, llamado Joel Roberts Poinsett, botánico y otras cosas, estaba enamorado de esta planta (a la que dio nombre, como habrán adivinado los perspicaces internautas)  y tomó la costumbre de regalarla a sus amistades por Navidad. Esta simpática costumbre de aquel caballero tuvo éxito, se fue extendiendo y mire usted a dónde ha llegado, que hoy no se puede entender la Navidad sin la presencia de esta planta de flores rojas, aunque las hay también de otros colores (rosas, blancas y amarillas).

Mi Poinsettia recibiendo la luz del día de Navidad.

Es un arbusto o árbol que puede llegar a alcanzar los cuatro metros de altura. Todavía no es el caso, pero si las mías siguen creciendo, ocurrirá como con mi ficus y tendré que emanciparlas y darles salida de casa.

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En el Cortinglés no sé, pero…


En el Cortinglés no sé yo si será ya Navidad, pero en mi casa , y estamos en Marzo. Bueno, en realidad, en mi humilde morada siempre es Navidad, porque me gusta, y porque siempre hay algún adorno que se queda ya puesto para el año siguiente y así voy ganando tiempo.

Cuando llegue Septiembre u Octubre y empiecen a salir en los medios la publicidad navideña, diré, como siempre “ya están aquí los retrasaos estos”.  Y que lo entiendan como quieran.

 

 

Era Navidad


Era Navidad cuando tomé la foto, hacía frío (sin exagerar) y se respiraba un ambiente que siempre me ha gustado y -creo- que, a pesar de todo, siempre me gustará.  Era un ambiente que, estrellitas y decoración aparte, destilaba Navidad. La inclinación de la luz solar habría bastado para subrayarlo.

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Mañana mismo empiezo


Es la superviviente de la última cena navideña, es la que servirá de tentación a ese severo régimen que mañana mismo empiezo. ¿Quién caerá antes, ella o yo, que al final es lo mismo?